martes, 4 de abril de 2017

Supernova

Son momentos donde una decide tomarse una larga temporada de silencio, subir al cielo, pisar la luna, llegar a casa, abrir la puerta y sentarse en el sofá, abrazada a una almohada mirando el vacío. Nunca esperé nada de nadie, nunca quise dinero o fama, ni tener la casa más bella en el lugar más alto del universo, nunca desee esta vida llena de robos, no, nunca añoré dejar pasar el agua y hacer cuentas nuevas. No.

Lo único que soñaba obtener era paz, un alto a tantas ofensas internas, al karma, a los aires de hielo que atraviesan mi espalda cual cuchillos filudos que se deleitan viéndome en el piso, desangrando, llorando en silencio, escondida bajo una mesa, tiritando arrodillada, abrazando mis piernas. 

Antes de abordar el tren repites que tu soledad será la eterna compañera, escupes al cielo tantas veces que mis nubes cargadas de gotas rosadas se desvanecen, rompes cada espacio existente y huyes, corres, te apresuras, cambias tantas veces la clave que olvidabas qué hacías. No te culpo, es tu naturaleza llena de temor e incertidumbre y yo, una empedernida ráfaga de viento que mece tu cabello acariciando cada rulo entre mis dedos. 

Camino rumbo a la cocina, me sirvo té caliente, un sorbo, dos, tres, mi cuerpo se abriga en esta madrugada otoñal, el pajarillo azul emigró, se esfumó, las hojas de mi árbol caen de a pocos, el pasto empieza a degradarse, ¿acaso esto es una señal?

Ingreso a mi dormitorio, la cabaña donde vivo se hace más grande, esquina a esquina, cuadro a cuadro, tengo miedo, me abrigo a un rincón y respiro acelerada, me da vértigo, tengo fiebre, deliro, pronuncio un nombre, reacciono y amanece. 

Llega el anuncio de una supernova, ¿Y mi estrella? - pregunta la luna. Nadie contesta. ¿Dónde está mi amor? Aún sigo esperándolo. Nadie dice nada, el sol se da la vuelta, los cometas pasan apreciando un astro sombrío, triste, desesperado. La Vía Láctea envía ayuda, las constelaciones acuden al llamado, rodean a la luna e iluminan su rostro golpeado por la tristeza. Sabe que no está sola, sonríe poco a poco, empieza de cero.

Ya en la realidad, veo la gente pasar como hormigas, cada uno con un mundo en la mente, distraigo mi idea con música, canto, me quiebro, nadie dijo que este sería el precio. Al final, todos somos parte de un camino donde quieras o no, puede tomar diversas direcciones. Sin embargo, hoy quiero hacer un alto a todo y dejar en claro que cada minuto valió la pena, porque aprendí que podría morir cada día esperándote, no tengas miedo porque te amaré por este y mil años más, en esta y siete mil millones de vidas. 

Nadie manda lo que uno siente, no te pueden obligar, solo se siente y queda, el resto sobra y hoy me queda claro que cada paso que di antes fue para encontrarte, a la hora, momento y época adecuada. 

Solo es eso, punto.


- Ali