miércoles, 29 de junio de 2016

Despertar

Las paredes cayeron, el invierno llegó, el rey se encuentra en el norte, el fuego destruyó una ciudad, miles murieron, una reina arpía se sentó en el trono, la niña de las mil caras cumplió parte de su venganza, la madre de los dragones zarpó a la guerra y yo, sigo aquí. Envuelta en una historia épica, revivo detalle a detalle todos los sucesos del último mes, mes que se aleja y da paso a nuevas aventuras. Aires de renovación llegan como brisa fresca en verano, entibia, abriga y arrulla mi ser en este gélido invierno, miro fotos del pasado, mensajes, detalles, un vestido, una agenda, mandalas, colores, restos de ilusiones perdidas y parte de una renovación profunda. ¿Qué andarás haciendo? Soñé con la batalla, lo que pudo haber pasado mientras gritabas que huyera sin mirar atrás solo para salvar mi vida e integridad. No me lo puedo explicar, es tan confuso, no entiendo nada, alzo la mirada y veo la luz. Sonrío.
'No pidas una vida que no te pertenece, búscate una' - rugió el dragón - quedo congelada, mis pies no reaccionan, mis labios están cerrados, las pupilas se dilatan, el pecho se adormece, quieren verme derrotada, arrodillada, suplicando compasión, sonríen con aires de victoria mientras sangro luchando con lo único que me queda de sentir, al llegar a mi trinchera desmayo, reacciono minutos después, deben agarrarme entre dos mientras pataleo y entro en pánico, grito que voy a morir, que nada vale la pena, el porqué de algo que sí existió, un grito del león me protege. 
¿León? ¿Quién eres tu? Dices que estas aquí para protegerme, que darás aviso a todos. Horas después ya en casa de la condesa del valle, mi familia no concibe el daño, me abrazan uno por uno, mis labios casi morados por la respiración irregular, mis ojos desorbitados, mis manos blancas, hay nieve alrededor, amigos llegan, juran en mi nombre que tomarán venganza, venganza, venganza. '¡Venganza! ¡No!' - grito mientras vuelvo a desmayarme – lloro en el piso, me abrazan, toman datos, las pastillas pasan por mi boca, tiemblo de rabia. Una voz melodiosa me arrulla e indica que es un nuevo día, no recuerdo qué pasó, qué hice, me cuentan de todo lo acontecido, les digo que no hagan nada en contra de nadie, que dejen todo así, se indignan por mi pasividad, yo solo respondo que el mundo es así y todo sucede a su tiempo, sin ánimos de revancha o malos deseos. Me dicen que deje la espiritualidad de lado, que actúe y vaya a la guerra, yo, niego rotundamente.
Voy rumbo a la Luna, esta luna que es mi hogar, no será un palacio pero me abriga con tanta felicidad y pido que no acabe jamás. Preparo algo de comer, el árbol está ahí, el gorrión me habla, me cuenta de sus periplos, escucho atentamente mientras la tarde cae. No hay mucho que decir, me doy una ducha tibia, el agua disipa todas mis dudas y pesares, en las cosas simples de la vida es donde uno aprende a valorar lo importante. Sonrío de nuevo. Voy a la cama.
Ha sido un mes histórico, una conjunción y trino de los astros que terminó a mi favor, miles de estrellas iluminan mi noche, gracias por la vida, gracias a ti, gracias a todos. El pánico a vivir, ya no me afecta.

No puedo dar lo que no tengo. Cuidar de mi, es cuidar de ti, recuérdalo, puedo ver lo que tu alma escribe.   

jueves, 16 de junio de 2016

Gorrión

Y como un milagro llegó el día, frío, bipolar y gris, donde junto a mamá decidí destruir aquellas píldoras. Pastillas, medicina, droga, muerte lenta. Los ojos marrones de ella me indicaban 'bótalos, no seas dependiente', mis manos frías temblaban al compás de las manecillas del reloj. No pierdo la fe, la esperanza y un sinfín de ilusiones infantiles, ya saben a lo que me refiero. Solo por hoy voy a dedicar un grito de libertad mientras dichos fármacos se diluyen lentamente en agua.
Cómo las odiaba, era una tortura contar las horas y beber un sorbo de agua junto a la pastilla azul, bendita pastilla azul, ¿recuerdas que te dije que no iba a depender de ti? Lo hice. Me siento orgullosa de mi misma.
Son pocas las veces donde creo que pertenezco a este mundo caótico, plagado de ira, dolor y malas personas; lejos de todo, volteo la página y me encuentro con un paraíso, algo así como cuando estoy en la Luna y me siento al lado de la ventana, bajo el mismo árbol, con la voz del pajarillo… pajarillo azul, azul, pájaro, ave, azul, azul. Demonios, ¿Dónde estás? Busco, salgo al campo, corro, lo llamo por su nombre, Ali tiene miedo, miedo de quedar sola, se había vuelto dependiente de ese animalito con alas. Oye un sonido a lo lejos, entrecierra los ojos, ¡es él! grita, error, no es su pajarillo azul, es otro, un gorrión, gorrión que le informa sobre el cambio de guardia ¿cambio de guardia? Sí Ali, cambio de guardia. 'Todas las aves que vengan son enviadas desde la tierra para tu protección'. Los ángeles hacen sonar las campanas, aquel gorrión se posa en mi cabello, entramos a casa.
Gorrión prefiere estar cerca de mi, tiene marcado en su pecho marrón grisáceo tres líneas blancas muy sutiles, tres, el número tres tiene un significado para mi, me toco el vientre, sonrío, una lágrima cae, continúo. Gorrión me indica que hay muchas salidas para tanta adversidad, que en un futuro no muy lejano deberé abandonar el autoexilio y dejar de escribir cartas desde el inframundo a la nada. Gorrión se indigna con tanta mala vibra, me picotea la oreja, me repite que no sea infantil, que madure y sonríe, la vida da vueltas. No le hago caso, mientras tanto, le propongo crear un hogar con cimientos de titanio y cortinas con hilos de diamantes. Amo las cortinas blancas de encaje y brillosas, contrastan con el sol de verano y llena de vida cualquier ambiente. 
'¡Hija! ¡Reacciona! Ya está listo el almuerzo, ven a la mesa', sentencia mamá. Miro los restos de aquellos fármacos diluidos en agua, los boto, se van por el caño. Camino rápidamente y empiezo una amena reunión junto a mi progenitora, está deliciosa la comida, mi nueva casa no es un palacio, ni mucho menos una mansión, pero tiene algo que nunca va a faltar: amor de verdad.

Pronto escribiré sobre mi humilde lugar de reposo temporal, mamá me dice que deje de escribir, ella también les manda saludos – desde su propia Luna – pero antes de ello, debo comer. Hasta pronto.  

miércoles, 8 de junio de 2016

Realidad

Arrodillada junto a la ventana, con los brazos colgando al vacío y el canto de un pájaro: ese es el panorama luego de tres días de silencio, silencio sepulcral, altanero y cobarde. Doy mi último rezo, mientras mil gotas de rocío caen en mis mejillas, el viento helado avisa que un inesperado invierno ha invadido mi primavera, sigo confundida, tengo frío, la temperatura es implacable y necesito abrigo, todo es en vano, mis brazos están congelados al igual que mis pies. Una presión en el pecho me avisa que es hora, hora de dejar atrás cada dolor, humillación, palabra no dicha, escondida, perdida. Reviso entre mi ropa si existe alguna capa, me coloco un poncho de hilo blanco para salir a caminar no sin antes poner en la cartera mi polvo de estrellas, una libreta, un lapicero, el corazón roto y una esperanza inquebrantable.
He vuelto a la realidad, no estoy en la Luna, no soy una alienígena ni mucho menos un ser estelar; soy yo, Ali. Un simple chica que buscó refugio en brazos prohibidos, aquella que recibió una herida mortal espiritual hace pocos días, la que salió de las cenizas y ha regresado a su cordura, quien dejó las pastillas, que retomó su pasión (el arte) y sobretodo, quien decidió amarse a si misma pese a la adversidad. Sentada en una sala de redacción me encuentro, mirando la ventana, viendo como las aves pasan e imaginando un mundo que no existe, un universo paralelo lleno de perfección, lo peor de todo es que fui yo quien lo escribió, un par de ojos vuelven a la mente, un adiós caótico, cargado de mentiras, odio, demonios, olvido, calumnias, manipulación, interés, cobardía y fe.
Fe, fe de volver a verte, en no olvidarte, en revivir en otras 7 mil millones de vidas más y hasta el infinito para ser felices por fin. Maldita sea la hora, el momento, la circunstancia, el sabotaje, todo. Debo hacerme la idea que jamás serás mío, nunca podré verte al amanecer acariciándote el rostro y sonriendo abrigado a mi pecho, todos mis sueños murieron, se congelaron, ¿y yo? Aquí, sentada, recreando mi mundo oyendo la misma canción – nuestra – en la radio, gritando en silencio y corriendo por todos los pasillos de este laberinto llamado realidad.
Unas manos oliendo a manzana cubren mi rostro desencajado, secan las lágrimas y sienten el viento frío limeño. Voy sola al cine, me siento en la butaca final, me hago 'bolita', veo una película de Disney; el nombre de la protagonista me recuerda a esos días donde pasaba esas mismas manos con aroma a manzana por mi vientre aún plano pero que florecía en su interior. Violetta, Luna, Luna Violetta. Fernando, Rafael, Rafael Fernando. Hubiese sido perfecto saber qué color de ojos tendrías, si heredabas mi cabello o el hermoso alboroto de él, si tenías el poder de volver el día más frío en un verano con tan solo mostrar tu sonrisa, si gritabas por las noches para cantar o investigar algún texto de medicina, fácil hubieses salido corriendo – como ambos – en búsqueda de nuevos horizontes, no lo sé, Dios sabe porque hace las cosas. Tomo un sorbo de agua, sigue la proyección, llega el final, la protagonista encuentra por fin su destino, salgo de la sala, un poco identificada - no voy a negarlo - todos me miran, me siento acosada, corro al baño y me veo al espejo, una anciana de cabellos dorados me pregunta si soy actriz, le respondo que no, me mira nuevamente y me repite '¿segura? Eres muy linda como para desaprovechar un chance, éxitos'. Quedo en jaque, me lavo la cara sin ni una gota de maquillaje, estoy roja; mis mejillas y labios rosados hacen contraste con mi saco de cuero rojo, mis jeans azules, mi blusa blanca y mis botas de tacón marrón claro. 'Me veo bien', sonrío.
Camino todo Larco rumbo al paradero, llego a Petit Thouars, tomo el bus a casa, 'será un largo tramo', pienso, cierro los ojos y me concentro. Vuelvo a sonreír en silencio, llego a casa, saludo a mamá, ceno, la misma rutina de siempre, el mismo cuento de siempre.

¡Alto! Me olvidaba, Ali sigue en la Luna. 
Sueño y regreso a mi universo, esparzo un poco de polvo de estrellas en el pasto humedecido, el invierno se esfumó, ha salido un sol espléndido en mi hogar, mientras que a lo lejos un grupo de personas de asoma, ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? No tengo miedo, creo que ya sé a que vienen. Prendo la estufa, cocino un poco de pasta, las buenas nuevas se aproximan, un viaje a Júpiter es mi próximo destino. Tal vez si, tal vez no. Lo dejo en sus manos.  

viernes, 3 de junio de 2016

Retorno a la Luna

Han sido las 24 horas más caóticas de mi existencia, donde una montaña rusa de emociones ha recorrido mi entorno llegando al fondo de mi ser y subiendo por la curva de mi demencia. Despierto envuelta en una sombra casi sepulcral, miro a mi alrededor y solo hay sombras, humo, desierto, frío, lágrimas, temor y un sinfín de cosas que me devuelve a la vida, con un poco de valor y fuerzas para salir huyendo de este calabozo tenebroso y patético. Miro hacia atrás mientras mi ojos se humedecen a cada paso. No quiero irme, no quiero dejarte solo, no ahora, pese a haber perdido una batalla inicial, he sido herida de muerte, mi cuerpo sangra, me han robado el polvo mágico para volver a casa, Ali no puede ir a la Luna este amanecer, hoy no. Hoy no.

Grito y nadie me oye, trato de hacerte señas con las pocas fuerzas que me quedan, y no contestas, solo repites un libreto por obligación mientras tus ojos me dicen otra cosa: 'huye Ali, corre, sálvate, puedes estar bien sin mi'. No puedo, pero mi esperanza y fe en ti es más fuerte que nada en este universo, 'en esta vida y 7 mil millones más ¿no es así?', sacudo mi cabeza, mis cabellos ondulados se pegan a mi rostro húmedo y mis labios tiemblan al pronunciar tu nombre, no escuchas, solo quieres que me vaya mientras el dragón va a tu encuentro, va a devorarte, a maldecirte, a culparte de todo, de tu existencia, del aire que respiras; y yo, yo solo debo correr sin mirar atrás. Odio las despedidas, soy mala en esto.

Han pasado las horas, he caminado cientos de kilómetros con los pies descalzos, a lo lejos diviso un oasis, posiblemente sea una alucinación, pero no, ahí está, el oasis que todo superviviente desea hallar en medio del desierto árido y congelado. Hundo mi cuerpo en el agua fresca, me quito las ropas llenas de sangre, mis manos recorren cada rincón de mi ser, dolorosa situación, castigo ejemplar. Llega la noche, sigo flotando sobre el agua, no tengo casi nada de sangre en el cuerpo, palidezco, deliro, grito tu nombre al cielo estrellado y me sacudo de dolor evocando gratos momentos. Alto. Para Ali, un ángel ha venido a rescatarte. 

- ¿Por qué lloras tanto? ¿Por qué dejaste la luna?
- Solo quería hacer las cosas bien, ya no aguanto esta soledad ángel de la guarda.
- ¿Sabías que existen las segundas oportunidades? Ven, dame la mano, te llevaré a casa. 

Como un rayo mi ángel me cargó entre sus brazos, mi cuerpo desnudo se envolvió de ropas aterciopeladas, mis pies tenían sandalias de oro, mi cabello adornado con flores multicolores y mis ojos, casi disecados, volvieron a la vida. Ya en casa, al cual llamo 'inframundo', fui acomodada en la silla de caracolas y espaldar celestial, en la misma ventana, al lado del pajarillo azul, bajo la sombra del árbol que planté para esperar tu regreso. Una, dos, tres, veinte, ochenta, mil lágrimas recorren mis mejillas rosadas. Antes de irse, mi ángel me regala una bolsa de polvo de estrellas, una vara de rocas de marte y una esfera de cristal de neptuno, 'desde aquí, puedes verlo, no te preocupes Ali, todo estará bien'.

Cierro los ojos mientras mi ángel se pierde en medio del horizonte, nuevamente he aquí sola, en recuperación indefinida, revivida por gracia divina, salvada por un ángel enviado por mis amigos y lectores. Gracias por invocarlo, gracias.

Quedo en silencio por varios minutos, la radio cósmica hace sonar nuestra canción, melodía que escuchamos horas antes de la batalla, mientras me explicabas sobre la teoría de la relatividad a tu modo, como somos átomos, electrones, la vida y la muerte, el estar aquí y en otra dimensión paralela también. Ay pequeño ser, rezaré todas las noches hasta que regreses.

¿Quién me puede prohibir que yo mencione tu nombre? Te esperaé, nunca lo olvides, si no es en esta vida, será en la otra cuando seamos gatos, o perros, o a mi me guste el verano y tu ames el invierno, para poder por fin caminar de tu mano y acariciarte el cabello mientras vemos el atardecer con el mundo a nuestros pies. Perdóname por no ser fuerte y luchar, te amo tanto que prefiero sacrificarme para que seas feliz. Mientras tanto, viviré en este exilio perenne mirando el horizonte a ver si regresas. ¿Regresa si? Algún día, a cualquier hora, pero regresa.


Pd. Le pido al cielo que te proteja, mientras que yo, ya le encontré el gustito a la espera. 

Primera batalla

La alarma sonó a la hora habitual, mi cuerpo yacía tendido en cama y mis ojos se abrieron en medio de la oscuridad, el suspiro combinado con una sonrisa traviesa traía a mi mente momentos tan bellos como la última tarde. Hubiese preferido paralizar el tiempo con mi polvo de estrellas y escapar junto a ti en ese instante, retroceder el tiempo, encontrarme en algún punto de tu camino y gritarte 'aquí estoy' antes que tu vida diera un cambio radical. Pedía imposibles, el destino es tan canijo y desgraciado como un incendio destructor que prefirió colocarnos en un momento de la historia, tu historia, nuestra historia.
Literalmente, tenemos el mundo a nuestros pies, ¿toda la ciudad se habrá enterado de lo que hicimos ayer? Creo que si. Mi pequeño y dulce ser, decidiste invocarme en medio de tu algarabía y aparecí teletransportada de milagro. Ahí estábamos, como dos inocentes niños a punto de escapar del universo por un instante. Cumpliste tu sueño, tendrás tu castillo de ensueño, me muestras cada rincón como un verdadero trofeo, es tu esfuerzo, tus ganas locas de vivir esta vida malparida pese a todos los problemas que pudiste vivir en el pasado; es tu fuerza natural, combinada con mi sonrisa infinita al verte emocionado y orgulloso de ti mismo. Dices que aun falta más, tienes en mente miles de planes y uno de ellos, soy yo. Tengo miedo. Me pides locuras y yo juro cumplirlas a rajatabla, soy terca en mis decisiones y tu demuestras que puedes dominar mis demonios con una sola palabra. Acaricio tu rostro esbozando una sonrisa, lo siento, pero lejos de querer despertar con tu sonrisa a días eventuales, yo quiero estar contigo el resto de mi vida, abrigarte en el invierno, jugar en verano, apoyarte en otoño y hacerte soñar en primavera. Esa, es la única verdad que el mundo sabe a carta abierta.
Recuesto mi cabeza en la pared mientras observo el horizonte, el sol aparece imponente en el firmamento, esas cosas pequeñas son las que me hacen sentir vida de nuevo, fuera de lujos y cosas exóticas, el hecho de saber que hay seres tan divinos como tu me renueva de paz y da aliento al alma. Unas lágrimas recorren mi rostro al sentirme orgullosa de ti, de tu fuerza innata y la locura de arriesgarte a compartirlo conmigo, así sea por un instante.
Me abrazas, coges mi cintura, hundes tu rostro en mi cabello, me reafirmas el hecho de continuar con esta demencia colectiva dual, me besas, me miras y te llenas de mi energía, me repites mil y un veces que me extrañas, me amas, que te espere, y yo, yo solo soy un manojo de nervios entrelazados con tu piel, una pequeña niña que solo pide un poco más de ti, de tus anhelos, de tu fuerza, solo de ti, nada más.
“El mundo está a nuestros pies, de aquí al infinito y 7 mil millones de vidas más”.
Pasan las horas, te quedas dormido en mi pecho, mientras duermes observo tu rostro relajado, tu semblante cambia, tu cabello se renueva, te quedas inmóvil como un bebé, despiertas y continuamos en el ruedo, idas y venidas. La noche promete ser mudo testigo, me transporto en una nube a casa, duermo algo adolorida, ha sido una jornada exhaustiva, luego despierto, suena la alarma a la hora habitual, mi cuerpo yace tendido en la cama, mis ojos permanecen abiertos en medio de la oscuridad, el suspiro combinado con una sonrisa traviesa atraía a mi mente momentos tan bellos como la última tarde. Aquella tarde, que quedará para la historia.

Las horas pasan, tengo un presentimiento que aprieta mi pecho como una lenta agonía ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? El tiempo me dio la razón. El sueño se volvió pesadilla, soy herida de muerte, jamás debí dejar el inframundo, maldigo mi suerte y mi inocencia, temo por ti, me da pánico que te estén dañando, daría mi vida y último aliento para protegerte, recuerdo tu teoría de la relatividad, la vida y la muerte, los mundos paralelos. El dragón despertó y yo sigo aquí, no tengo nada a mi defensa, mis manos están vacías, solo me queda la magia interna, mi espada de luz quedó en casa, he entendido ahora, es momento de la primera batalla…  
(Continuará)