lunes, 30 de mayo de 2016

Preludio - Cartas desde el Inframundo

Abrazo a mi soledad en primavera eterna como una nube tocando el cielo, siento el tiempo alterno a mis días como manecillas de un reloj quebrado. ¿Qué hago aquí? ¿Qué estoy sintiendo? Una pregunta ronda mi cabeza y me llena de curiosidad mientras creo hilos con recuerdos en flor, estás ahí, te observo.
Soy feliz, si tu eres feliz, sin mi, pero al fin y al cabo, feliz. No temas dócil ser, una Ali en la Luna decidió abandonar el paraíso y regresar al inframundo.
Hola, ¿Estás ahí? Mi telescopio te ubicó y solo quiere volver a ver tus ojos a través de sus pupilas disecadas.
La luna llena se refleja en la laguna pequeña donde un grupo de pequeños seres posan sus plumas y juegan a las escondidas al anochecer, la tarde ha caído, se avecina una tormenta ligera en el horizonte pero yo, sigo sentada, esperando una respuesta o quizás, solo ver tu rostro aparecer en la neblina. La primavera es larga, tediosa y a veces aburrida, pero al fin y al cabo, mi primavera; construida con manos de sol y polvo de estrellas, cubierta de un manto de constelaciones y planetas gaseosos que me arrullan a diario, mi cama es una vía láctea y mis sábanas han sido diseñadas con hilos de diamantes estelares. Todo es perfecto, mi vida es grandiosa, hasta que un recuerdo me atraviesa la mente y la nubla por completo, solo una cometa - gigante, magnificente y acalorado - me saca de rumbo y piso nuevamente el suelo. El amanecer se avecina, es hora de hacer el desayuno. 

Abro la puerta, la mesa tiene dos sillas grandes a los extremos y cuatro pequeñas rodeándolas, la principal está marcada con tu nombre, tres de ellas tienen las patas rotas y solo una queda intacta como preludio de una esperanza mía - y terca - que no cesa. ¿Mi silla? Ah, esa está aquí, pintada con extracto de caracolas marinas perladas y un respaldar celestial. La comida está servida, sólo un plato está lleno mientras te imagino frente a mi, sonriendo. Los bocados pasan y mi mente vuela como un águila en medio del alba, 'la espera no desespera', mi cuerpo está aquí, mi canción suena en la radio cósmica y vuelve la pregunta: ¿Dónde estás?
Este preludio es solo el inicio de mi camino, de una larga espera y cientos de días, semanas, meses y años para volver a encontrarte. Son siete mil vidas después de nosotros ¿Recuerdas? 'Para siempre' quedó pequeño, tu sonrisa sigue impregnada en el firmamento, mi universo, tu infinito; mientras tanto, me siento en la ventana a observar el día pasar, el mismo pajarillo azul se posa nuevamente en el árbol que planté para darme abrigo y me entabla conversación.

Todo sigue igual, a espera de que vuelvas, una espera – repito – que no desespera.   

jueves, 12 de mayo de 2016

La espera

Esa ansiedad que recorre mis brazos y piernas cuando espero, cómo te diviso a través de una calle ruidosa y voy corriendo a tu encuentro. Ese beso enternecedor, tímido, cargado de emociones encontradas que me transportan a una época donde todo era perfección. Un taxi y reposas tu cabeza en mis piernas, acaricio tu cabello crespo tratando de peinarlo con mis dedos, una caricia en tu rostro suave y vibras como un pequeño niño que debe ser amado, te doy un beso en la cabeza, mientras cierras tus ojos y sonríes. Una demostración sutil que aún despiertas sentimientos de ternura y protección en mi ser, este ser que pese a haber sufrido, sigue y es terco en tu búsqueda. Me conversas de tus planes a futuro, de ese sueño de tener una casa propia, de tus mil y un cosas materiales que posees; en cambio a mi, no me sorprenden, solo me atrae la forma en cómo tratas de escudarte tras palabras banales evitando mi mirada. Hemos llegado al lugar, bajamos, caminamos unas cuantas cuadras e ingresamos – previa compra de un sixpack de cerveza – abres la puerta y te dispones a descansar enredado a mi cuerpo. Tengo miedo, miedo de tenerme a mi lado, hablando del mundo, con mil y un de cosas alrededor. Los detalles posteriores me los guardo, no quiero ser morbosa con mis lectores, pero de algo estoy muy segura: aún te amo. De una manera inexplicable y caótica, como una droga incapaz de dejar, eres la medicina que curó todo mi ser y renovó cada espacio destruido.
Ahora, he despertado, todo era un sueño, toco con mis dedos el hueco entre mis sábanas y almohada, no estás aquí, aún no llegas, te perdiste en el camino o tal vez, nunca tomaste el vuelo a la luna. Esta luna, que en primavera eterna espera verte arribar cada atardecer con tu sonrisa perfecta y abrazándome para nunca más soltarme.
¿Dónde estás? Aún sigo aguardando el momento, mientras tanto, ya le encontré el gustito a la espera.  

miércoles, 4 de mayo de 2016

Soy

Andábamos perdidos y nos volvemos a encontrar, esa es la ley de la vida, cada uno es dueño de su propio destino sin saber cuándo te hará una jugada e intentarás huir de lo inevitable: creer en una nueva ilusión. Se preguntarán queridos lectores a qué, o quién, me refiero; pues, se trata de un joven que me robó muchas sonrisas en un breve y dulce instante. No puedo decir que esté enamorada otra vez, soy realista, pero volver a sentir orugas que podrían volverse mariposas en un tiempo prudente – pese a mi fobia a tales insectos voladores – hace reafirmar mi decisión de mantenerme en esta primavera eterna. He subido a un columpio que no para de mecerme con suavidad, un arrullo corporal evoca el recuerdo de sus ojos llenos de tantas cosas extrañas y magníficas, esas rarezas que encuentras solo una vez en tu vida. Solo se vive una vez Ali, eso está de más decir.
Soy la que soy y nunca volvió a ser, la que se congeló y decidió vivir huyendo del amor, la que hirió a muerte a muchos y pagó con creces cada pecado cometido; ahora todo es diferente, el sol sigue brillando en mi ventana y un hermoso arco iris fue invocado con mis poderes mágicos, mis manos hicieron el conjuro de la perfección, el último polvo de estrellas blancas fue regado en mi pasto y él estuvo ahí, presente, con una sonrisa que paralizaba al atardecer y una inteligencia cautivadora que reavivó mi corazón curando cualquier temor o ansiedad.
¿Quién es él? Simple, él es él. Nadie más que él y su peligrosa manera de salir corriendo, como un cordero tras un cazador. No temas pequeño ser, no intento hacerte daño, solo es una breve confesión al aire que nos pertenece y mueve el tiempo de manera drástica; somos dos elementos idénticos y a la vez diferentes, tu amas el verano, yo el invierno, tu ladras como perro, yo maúllo como gato, duermes hasta tarde, yo despierto al alba, tu amas los libros, yo adoro sentarme y leerlos una y otra vez, adoras el arte, yo amo practicarlo a diario, crees en el poder de la energía, yo remuevo la energía y la convierto en un tesoro. Y así, una larga lista de cosas infinitas cargadas de sinceridad o locura, como dirían mis amigos. Soy yo, no tengas miedo. Solo son palabras que no puedo decir frente a frente porque prefiero escribir, mover mis dedos y plasmar mis extrañas formas de demostrar sentimientos en una hoja, haciendo lo que más amo en este mundo, y otros: arte.
Sigo sentada en la ventana, viendo como los días pasan y oyendo el canto del mismo pajarillo azul en el árbol que planté para darme sombra al mediodía. El invierno acabó, el campo es más verde de lo que parece, mis pies tocan el piso húmedo y fresco, mi sonrisa está ahí, solo faltarías tu visitando mi luna, este pequeño hogar que tiene un gran secreto por descubrir, ¿cuál es? Averígualo.